Había un tiempo en mi vida en que la idea de «preparacionismo» me sonaba a escenarios apocalípticos de películas, algo lejano y quizás un poco extremo. Como muchos, me confortaba la creencia de que, en caso de desastre o crisis, las autoridades se encargarían de todo. No obstante, una creciente sensación de vulnerabilidad, avivada por las noticias sobre un panorama geopolítico volátil y los eventos climáticos extremos, comenzó a erosionar esa comodidad. Un Eurobarómetro de septiembre de 2024 reveló una estadística impactante: el 58% de las personas no se consideraban bien preparadas para una crisis en su zona, y casi dos tercios sentían la necesidad de más información. Me di cuenta de que mi propia percepción de seguridad era igualmente frágil.
El verdadero «despertar» llegó un invierno particularmente duro. Una interrupción prolongada de la electricidad y los servicios básicos en mi área de residencia, aunque no fue catastrófica, me hizo ver la cruda realidad: estaba a merced de la situación. Fue un «llamado de atención». En ese momento, comprendí que la seguridad es el fundamento de todo lo que valoramos, la base de nuestro bienestar y éxito económico. Me di cuenta de que la preparación no es solo una cuestión de «lo que pueda pasar», sino de asumir la responsabilidad personal de mi bienestar y el de mi familia. Comencé mi viaje de novato con una simple, pero poderosa convicción: «incluso un poco de preparación es mucho mejor que nada».
Mi primer paso fue mental. Las fuentes me enseñaron que la mente es la herramienta de supervivencia más valiosa, incluso más que cualquier equipo. Necesitaba cultivar una actitud mental positiva y encontrar un propósito más grande que yo mismo. Luego, vino la acción. La Unión Europea y expertos en preparación recomiendan enfáticamente tener un kit de autosuficiencia para 72 horas. Esto se convirtió en mi objetivo inicial. Decidí empezar con lo básico: refugio, agua, comida, fuego, comunicación e higiene.
Investigué incansablemente, apoyándome en guías que detallan los elementos esenciales y cómo adquirirlos. Aprendí sobre la importancia de llevar un kit de emergencia personal (EDC – Everyday Carry), así como un kit de 72 horas en casa y otro en el coche. Me sumergí en el aprendizaje de habilidades prácticas que son el «cimiento de la resiliencia»:
- Purificación de agua: Desde filtros portátiles hasta ebullición y tabletas potabilizadoras, asegurando siempre agua segura.
- Encendido de fuego y cocina portátil: Dominé el uso de hornillos, cerillas y mecheros para preparar alimentos de emergencia.
- Construcción de refugios: Practiqué con lonas, tiendas y fundas de vivac, entendiendo cómo protegerme de los elementos.
- Comunicación en emergencias: Aprendí sobre radios a pilas y de dínamo, e incluso exploré el radioaficionado para comunicaciones a larga distancia cuando las redes colapsaran.
- Primeros auxilios e higiene: Preparé un botiquín completo y aprendí sobre la importancia de mantener la higiene para prevenir enfermedades.
- Gestión de alimentos: Organicé provisiones no perecederas y entendí la importancia de la rotación para mantener los alimentos frescos.
Próximamente del 6 – 7 septiembre participare en talleres y simulaciones, como el «Kit 72 Horas: Experiencia Real de Preparacionismo» en Murcia. Este evento me permitirá poner a prueba mi equipo y mis habilidades en un entorno controlado, identificar errores y aprender de expertos y otros entusiastas. Me di cuenta de que la preparación es un proceso continuo que requiere evaluar, mejorar y adaptar constantemente.
A medida que avanzaba, entendí la importancia de la «seguridad operacional» (OpSec): la discreción en mis preparativos para no convertirme en un objetivo en tiempos de crisis. También reconocí el valor de construir una red de apoyo y una comunidad, comprendiendo que la «autosuficiencia» total no significa estar solo, sino ser capaz de cuidarse a sí mismo para no ser una carga para los demás y, si es posible, ayudar a la comunidad.
Hoy, ya no soy un novato asustado, sino un preparacionista confiado. He transformado mi «preparación en protección real». La tranquilidad que he ganado al saber que puedo enfrentar lo inesperado, incluso los escenarios más desafiantes, es invaluable. Mi viaje hacia la autosuficiencia es una inversión en mi seguridad, mi libertad y la de mi familia.
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